Cómo ordenar una biblioteca
Recensión al libro de Roberto Calasso, Anagrama 2021.

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Si viviese Calasso (murió en 2021) igual habría caído en la tentación de titular “Cómo ordenar MI biblioteca” influido por esta moda egotista instaurada por la informática de hablar de MI PC, o MI escritorio o MIS memorias. Pero no, Calasso habla de “una” biblioteca. Y por tanto hay que entender que se refiere a grandes bibliotecas, sólo diferentes a cualquier biblioteca familiar en el tamaño. Los mismos problemas de ordenación que encuentra un bibliotecario los encontramos cualquiera al enfrentar el orden en que queramos ordenar las estanterías de la sala.
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Habla Calasso de las prácticas adecuadas ya conocidas para ordenar libros tanto en una biblioteca como en una librería, resaltando dos nuevos agentes en el panorama librero: los e-book y Amazon. Pero creo que se queda cojo al analizar las implicaciones del fenómeno digital.
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Los e-book no creo que se les pueda llamar libros electrónicos. Son simplemente los archivos digitales que dan soporte a la imprenta que haya de pasarlos a papel. Y no se entiende muy bien que haya que protegerlos de ser copiados (siempre habrá excepciones, por supuesto), porque como cultura que son y que por tanto hay que promover, no dejan de ser una herramienta más para facilitar la difusión. De forma que yo abogaría por ofrecer, con la compra de un libro, el libre acceso a su versión digital, que no va a estorbar la lectura reposada y sí facilitar las búsquedas de términos o datos que se quieran ampliar.
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En el caso concreto de este libro de Calasso es sorprendente la cantidad de autores y corrientes, principalmente del siglo XX, que da a conocer y que con un teléfono u ordenador al lado, simplemente consultando la wikipedia, permite hacerse toda una panorámica del siglo sin necesidad de acudir a otros textos expecializados.
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Sería lo que Calasso llama el efecto “buen vecino”, la regla áurea establecida por Aby Warburg y que facilita la ordenación librera intentando que “cuando se busca un determinado libro, se termina por tomar el que está al lado, que se revelará aún más útil que el que buscábamos”. En ese efecto tan apreciado por muchos lectores de la consulta de un buen diccionario (María Moliner) que te incita a saltar de palabra en palabra haciendo de cada búsqueda un charco lingüístico tan apetitoso.
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Y de Amazon preferiría no hablar. Después de impedir que la red de pequeñas librerías se consolidase, ha venido a demostrar que más que vender, lo que quiere es mantenerte conectado, como Netflix, perdiéndote entre botones mil y utilizando el libro como reclamo, lo que en puridad, en España se le podría prohibir con la ley del libro en la mano, ley que prohibe expresamente emplear los libros como material promocional.
Por cierto, construyo mi ALDEA. La CALMA por bandera, el PENSAR como vaselina. Si no lo ves claro, cambia el punto de vista.
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