Para bien interpretar la realidad hay que tener en cuenta la postura desde la que la analizamos. Cuestión de postura y respiración, los dos pilares que ofrece el yoga para transformar la conciencia y el mismo cuerpo: adoptada la postura adecuada para el fin perseguido, respiramos para oxigenar los músculos en esa postura.
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Puestos a comprender nuestro lugar en el mundo habrá que analizar desde qué punto de vista lo analizamos: sexo, edad y posición social. A qué clase pertenecemos, qué edad tenemos y qué sexo, condiciones las tres que van a condicionar el sesgo con que miremos al mundo.
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A mi me toca contemplar el mundo desde la montaña gallega, en un cambio de milenio que augura cambios importantes, desde una sociedad consumista y acelerada hacia (es de esperar y desear) una sociedad decreciente camino de la calma. Parar para disfrutar del ritmo lento de la naturaleza, asimilando y poniendo al día el saber acumulado por la historia.
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Lo vivo como una vuelta a la Prehistoria que nos obliga a reconsiderar los elementos esenciales e imprescindibles para asegurar la permanencia: ir por agua, coger leña y transformar lo crudo en lo cocido por mediación del fuego, que además caldea el interior de la palloza donde dormir plácidamente al abrigo del frio extremo.
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No es mal paisaje.
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Que además nos permitirá reelaborar nuestra relación con el fuego y el agua a través de la leña que recogemos.
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Esta entrada viene a continuar el rastro “La buena mala pata”
Ristra «la buena mala pata«: –Casualidad causal, –Soñar con yoga, –Corrientes explicativas.
