tiempo y trabajo

Me hablaba recientemente Sergio San Juan de la “visión idealizada que tenemos del pasado”, volver a la artesanía y la tradición sin prisas. Para mí la clave está en las prisas, aunque creo que hay más claves para explicar el fenómeno.

Estamos deseando frenar el ritmo acelerado que traemos, sin renunciar a controlar nuestro ritmo. Y eso, a veces, es imposible.

Recoger leña y traer agua sigue siendo la responsabilidad básica universal de todo individuo/a. No valen días de vacaciones.

Ni valen días de trabajo agotadores. Hay que combinar sabiamente cuándo toca trabajar, cuándo folgar, cuándo prau, cuándo vacación.

Y el trabajo de la hierba y la leña, lo marca el monte, no tú. Así que hazte a la idea de que vivir en el campo implica planificar escapadas a la civilización sin despistar la colleita del día.


Cambiar de hábitat

Cambio de hábitat (de la ciudad al monte) que trae consecuencias. El trabajo está en función de lo que haya destrozado la última tormenta, sin mirar si es lunes o sábado. Cuando se presenta hay que hacerlo. Sin excusas.


la conversación

La conversación giraba en estos términos:

Sergio San Juan: …Me gusta ese volver a la artesanía y la tradición, sin prisas, como esa visión idealizada que tenemos del pasado. 

Respuesta: Es una visión idealizada por no practicarla, pero que podemos recuperar en cuanto nos lo propongamos. Es sencillo, es pensar en la vida sin automóvil, viviendo en uno de los pueblos de la periferia, limpiando la linde del monte para abrir caminos de acceso. 

Sergio San Juan: Espero proteger más el tiempo para ese tipo de actividades a la vuelta de verano.

Respuesta: No esperes, hazlo. Me haces recordar mis 20. Hasta los 30 no tuve trabajos con vacaciones. Los trabajos sin vacaciones (labregos, leñadores, mineros…) eran, y siguen siendo, todo el año, atendiendo la tierra en función de la estación en que se esté. Sábados incluidos. El descanso del año se hacía un día a la semana y dos o tres días en la romería anual del pueblo. Eso sí, cada fin de semana se convertía en una romería. Y los picos del año también estaban muy medidos: la hierba en junio y la cosecha en octubre, rematando en romería.


Vacaciones? tu nombre me suena

Las vacaciones son un gran invento, qué duda cabe. Pero también cabría preguntarse si no tiene algo de patológico que nos acostumbremos a estar todo el año de vacaciones.


En la revisión que venimos haciendo a partir del 5G sobre la realidad toda, la consideración del “trabajo” como tiempo de negocio aparte del ocio, igual convendría plantearse si no deberíamos redefinir lo que es “trabajo”. El camarero que atiende a dos clientes que están “trabajando” en sus cosas. ¿Están trabajando los tres, o están de ocio los tres?

Pregunta que me lleva al principio: no esperes a parar y reflexionar; empieza ya a parar y reflexionar contando con que igual lo tendrás que seguir haciendo toda la vida, para atender a la estación que se presente, que no siempre es agradable. Para “Parar y reflexionar” no podemos esperar a las vacaciones. Ni siquiera, si hiciera falta, al fin de semana. Siempre que lo sintamos necesario deberíamos parar y reflexionar. Porque lo que no vamos a poder evitar es que el flujo de trabajo (limpieza del monte y cúmulo de leña en mi caso) se detenga. Los árboles van a seguir soltando ramas que hay que recoger para limpiar y aprovechar para leña. Podemos no limpiarlos y dejar que el monte desarrolle sobre esas ramas el lento ritmo de la putrefacción que hará un estupendo humus en la tierra. Pero entonces no tendremos espacio de habilitación, donde explayar. De forma que el borde del monte hay que limpiarlo y mantenerlo como prau. Prau de pastoreo y de romería.

¿vacación o prau?

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