
Surfeo por mi entrada en los 70 y me veo abocado a ir cerrando temas o asuntos que me han preocupado a lo largo de la vida y que no quiero dejar cogidos con pinzas. La Comunicación es uno de ellos.
Como por avatares de la vida he publicado recientemente tres artículos sobre el tema, los voy a juntar con éste último para configurar un ensayo que me permita en su día hacer un seguimiento de cómo veía yo el tema en el primer cuarto del siglo XXI. Con lo que quedará configurada una de las razones por las que considero la “Conveniencia de las páginas web”, asunto que tengo en mente abordar en breve.
En algún momento muestro mi interés por el asunto como forma de evitar las guerras. Sé que puede resultar pedante pretender un objetivo ambicioso con tan poca herramienta, pero me ha apetecido intentarlo.
¿Qué tiene que ver lo común con la precaución? Nada, que yo sepa, más allá de la coincidencia de dos conceptos en una misma palabra. O quizá haya que plantearse porqué debemos ser cautos a la hora de hacer común (publicar) algo que pudiera interferir en los intereses personales.
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Dicho esto, quiero abordar el asunto de la comunicación desde todas las ópticas que entiendo pertinentes para solventar uno de los misterios más longevos de la historia de la humanidad: ¿cómo es posible que dos entes distintos se puedan entender?
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Si consideramos que las casualidades no son tal, que siempre existe una causalidad que pueda explicar las aparentes casualidades, es de resaltar dos coincidencias en el tiempo considerando la comunicación. Una es la publicación en 1978 de “La incomunicación” de Carlos Castilla del Pino, que viene a resaltar el hecho de que el entendimiento es un fenómeno muy minoritario en el panorama de la comunicación. La norma más bien vendría a ser la incomunicación. Otra es la publicación en 1980 de “El malentendido”, un texto breve de Lacan donde afirma sin ambages que “nacemos en el malentendido”, que el malentendido es el magma en que nos desenvolvemos.
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Siendo así que parece (todo apunta a) que la comunicación, la “comunión”, es la excepción a la regla en aquello que tiene que ver con el desarrollo humano, habrá que buscar la razón que sustenta el hecho observado.
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En un notable esfuerzo (notable para algunos, intrascendente e impertinente para otros) por aclarar el funcionamiento del lenguaje entre los humanos, Lacan plantea la necesidad de entender el inconsciente estructurado como un lenguaje. De otra manera, dice, no podríamos decir nada de él. Y por tanto, y para evitar equívocos, hemos de entender el lenguaje como un código matemático a fin de hacerlo abordable.
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Termina considerando al hombre como un ser “parletre” (parlante) en un juego de palabras que queda claro en francés pero se pierde al traducirlo al castellano. En francés la palabra “parletre” se puede descomponer en tres significados: “por la letra”, “por el ser” y “parlante”. Es decir, que si bien como ser parlante, nos podemos considerar entes parloteadores, que nos gusta el chisme, el cotilleo, la cháchara, por otro lado nos debemos considerar constituidos por la letra y por el ser, paralelismo que habría que estudiar aparte dada la complejidad que supone considerar que el ser es lo mismo que la letra.
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Por otro lado Lacan completa la visión freudiana del individuo (formado por un Yo, un Ello y un Superyo) añadiendo al psiquismo un área simbólica, por encima del imaginario, que daría cuenta de las creencias profundas, las que sin mediar voluntad en ello, nos configuran profundamente. Sería, tal como yo lo entiendo, el área de “lo sagrado”, aquello que no sabemos muy bien si por herencia genética o por “depósito kármico” que dirían los yogui, marca nuestro estar en el mundo y nos aboca a enfrentar el futuro con cierta consistencia.
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Con este mar de fondo, he considerado tres artículos relevantes para arrojar luz sobre un problema que considero complejo pero que a su vez considero interesante intentar entender en la medida en que, resolverlo, nos podría ilustrar sobre el origen de todos los conflictos, que no sería mala herramienta para abordar los desencuentros (o malentendidos) que nos abocan a las guerras.
Epílogo: Dualismo crítico.
Si tuviera que perjeñar un sistema filosófico (que no es el caso, por suerte) le llamaría Dualismo Crítico. Dualismo porque es lo más evidente desde que tenemos noticia: cada día se descompone en dos partes, el día y la noche, y cada cuerpo u objeto tiene necesariamente dos caras como una moneda, la anterior y la posterior. A partir de ahí, como indica el Tao Te King, el dos genera el tres y el tres genera los 10.000 seres. Y Crítico por evitar maniqueismos fáciles, optando por una visión analítica que ponga permanentemente en tela de juicio los asertos aceptados hasta el momento.
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Si añadimos la característica del movimiento perpetuo, desechando la idea de estabilidad absoluta en ningún aspecto de la existencia, tenemos un panorama bastante cercano a lo que lo Real tenga que ser, que siempre se nos escapa dada la infinitud aparente del avance del tiempo.
Claves de la comunicación.
Aceptando por válida la valoración que hace García Calvo de la norma que rige las relaciones humanas, que dice que “la lucha de clases, edades y sexos es la única ley” (aunque yo más que lucha le llamaría confrontación por evitar términos militaristas) veo importante tomar conciencia del lugar que ocupamos en cada uno de esos estamentos de cara a saber quién somos y dónde estamos. Tanto de cara a los demás como, y principalmente, de cara a nosotros mismos.
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El verso completo pertenece a “Ismena” de Agustín García Calvo:
Quién soy, qué soy al señor le pregunté
y el me respondió: calla y multiplícate.
Uno a uno seréis todos. Todos cada cual seréis.
Esa será la República, donde la lucha y el haz y revés
de clases, edades y sexos, sea en total concordia y única fe..
No es lo mismo pertenecer a la clase baja, media o alta, estar en la primera, segunda o tercera edad, ni ser hombre, mujer u otras hierbas. Quizá habría que añadir la localización geográfica. No es lo mismo vivir y hablar desde Vigo que desde Alemania.
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Simplemente analizando nuestra posición y la del oponente, podemos dar por sentados un montón de sesgos que van a condicionar el proceso comunicativo.
Ristra Comunicación: Comunicación, hablar por hablar, incapaz, Comunicaución
