soñar con yoga


El yoga de los sueños” es un libro que viene a aclarar en sus capítulos introductorios el concepto de karma.

Viene a ser la idea de la ley causa-efecto. Todo, lo que hacemos y lo que decimos, tiene consecuencias, tiene efectos. Es tarea del sujeto decidir si la forma en que reacciona a los estímulos es positiva o negativa. Los efectos de la actitud adoptada se verán reflejados en los efectos de la acción, positivos si la actitud es positiva y negativos si la actitud es negativa.

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Y actúa a nivel consciente y a nivel inconsciente. Aunque no adoptemos una actitud consciente, los efectos de la acción quedan reflejados en lo que llaman el “depósito kármico”, que vendría a ser como la bodega de sensaciones que acumula el inconsciente y que actuarán en el futuro según se presente la ocasión de que “maduren” las semillas kármicas implantadas con anterioridad. De ahí aquello de “siembra vientos y recogerás tempestades”.
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Los orientales, que son muy dados a creer en la reencarnación, extienden este mecanismo kármico a posibles vidas pasadas que puedan estar actuando en la vida presente. Ese es un tema que personalmente dejo en el ámbito de la creencia. Cada quien puede pensar lo que quiera. Yo me resisto a creer que el depósito kármico funcione más allá de las impresiones infantiles que, efectivamente, afectan al comportamiento adulto.
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Se impone una relectura de cómo estamos constituidos los humanos. Hasta el siglo XIX el ser humano está en el mundo para mayor gloria de Dios, que le impone trabajar con esfuerzo para criar hijos para el cielo. Pero en el siglo XIX llegaron las tres “filosofías de la sospecha” que trastocan el mundo conocido y proponen una realidad humana más compleja y menos dependiente de Dios. Por un lado Nietzsche sospecha que Dios ha muerto y que la Nada y el nihilismo es todo lo que tenemos. Por otro lado Marx sospecha que todo el entramado económico derivado de la Revolución Industrial no es más que la forma en que justificar la explotación del hombre por el hombre estableciendo clases sociales preeminentes y subyugadas. Y por otro lado Freud sospecha que el mecanismo de explotación se deriva de la represión de los afectos en la infancia, señalando abiertamente que el niño desde sus primeros años arrastra todo el potencial erótico que se va a manifestar a lo largo de la vida.

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Las tres corrientes han sido rabiosamente atacadas durante todo el siglo XX, razón suficiente para sospechar que están más cerca de la verdad que la vieja jerarquía teológica del Antiguo Régimen.

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El inconsciente de Freud será ampliamente estudiado por su discípulo Lacan, afirmando en primera instancia que el inconsciente ha te tener estructura de lenguaje y añadiendo dos características que deberían ser suficientes para llegar a interpretralo: el imaginario y lo simbólico, dos aspectos que vendrían a conformar lo que inicialmente llamó “fantasmático”.

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No tenemos elementos de juicio para saber si las razones lacanianas serán finalmente satisfactorias. Como en otros tantos temas sólo la historia vendrá a confirmar el grado de acierto de la concepción lacaniana, verificando o falsando sus propuestas.
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Hoy por hoy a mí me sirven para acercarme a lo que entiendo una “concepción unitaria” de la realidad. Todas las tradiciones culturales hablan de “lo que es” como principio último de realidad. Expresado con las palabras y herramientas propias de cada época, pero aludiendo siempre a una realidad Una. De forma que para bien interpretar la realidad habría que encontrar la traducción correcta de cada una de las tradiciones. Esa sensación intuitiva de que todos los dioses de todas las culturas hacen referencia al mismo concepto: Dios, Alá, Shiva, Buda, Jesús, Mahoma… que, por alguna extraña razón nos han llevado a pegarnos por defender que nuestra idea es la correcta frente a todas las demás, en vez de llevarnos a establecer los puentes de entendimiento que nos permitan saber cómo funciona Ello. “Ello funciona en todas partes, bien sin parar, bien discontinuo. Ello respira, ello se calienta, ello come. Ello caga, ello besa. Qué error haber dicho el ello.” (Inicio de “El antiedipo”. Gilles Deleuze, Félix Guattari).

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Ristra «la buena mala pata«: –Casualidad causal, –Soñar con yoga, –Corrientes explicativas.

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