En esta re-vuelta al campo que estamos empezando a vivir, será bueno recuperar buenas costumbres de la sociedad preindustrial. El arte del relato es una de esas buenas costumbres. En el minuto 150 de “el árbol de los zuecos”, una película premiada en Cannes en 1978, hay una escena entrañable de cómo debían ser las entrañables veladas de filandón al lado de una lumbre.

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La fecha es importante para resaltar la calidad de la película. Según Filmaffinity está disponible en Filmin. En 1978 no había internet ni se filmaba con teléfonos móviles.
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Son tres horas de película reposada, a ritmo de campo. Muy adecuada para educar la paciencia, ese bien que tenemos tan mal atendido.
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Los críticos la encuadran en el Neorrealismo italiano tardío. Recuerda la lentitud del “Andrei Rublev” de Tarkovski, el que teorizaba que hacer cine era como “esculpir el tiempo”.
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Cuesta entender que sólo hace apenas un siglo se viviera en esas condiciones: cinco o seis familias viviendo en la masía del patrón criando hijos para perpetuar la mano de obra gratuita y cobrándole al campesino dos terceras partes de la cosecha.
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La imagen del filandón está en el minuto 150 de la cinta.
