Tiempo de trabajo

sisifo

Sísifo subiendo la piedra que mañana volverá a caer.

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Tiempo de trabajo

a raíz de un programa de Jorge Bosch entrevistando a Raquel Roca. Reflexiones de la charla.(https://cosasdefreelance.substack.com/p/experta-en-el-futuro-del-trabajo).

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La informática obliga a un reseteo de la cultura conocida toda. Que implica un repensar los conceptos que manejamos. Como “trabajo”.

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Como toda reflexión conviene que concluya en alguna consigna para la acción (por aquello de que la fe sin obras es una fe muerta), resalto la conclusión a la que me lleva el análisis que hago, que consiste en lo que Raquel Roca enunció con toda claridad: hay que valorar el trabajo como fuente de energía. Sin olvidar el concepto de trabajo en física: la energía o esfuerzo necesario para mover masas o cuerpos. 

(Aquí una contradicción que habrá que disolver: si el trabajo consume energía ¿cómo puede darla? La respuesta en el próximo capítulo)

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Analizando las distintas formas de trabajo al correr de los tiempos tenemos:

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al modo antiguo:

Tiempo de lechuga. Venimos del concepto tradicional del trabajo labrego: 24 horas dedicadas a resolver el día a día, que implica incorporar al trabajo los recursos de diversión que lo hagan llevadero. 

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al modo Revolución industrial.

Tiempo de fábrica. La revolución industrial nos indujo al trabajo fraccionado: 12 horas intensivas en principio, que se regularizaron a 8 y así se ha mantenido. 8 horas de especialización que implican dejar en manos ajenas el cuidado de la casa mientras trabajamos. Consiguiendo ratios de especialización quizá interesantes, pero bastante enajenantes.

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al modo Revolución informática.

Tiempo de oficina. La especialización llevó a la división de tareas por grados de renta, con lo que el entorno financiero se alzó en la cúspide social, arrastrando tras de si los demás sectores. Llegó la pandemia y el teletrabajo y tuvimos que atender a las tareas hogareñas además de las laborales.

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al modo sociedad del Ocio.

Tiempo de estrella. La Sociedad del Ocio y el Entretenimiento creó el Star System que llevó a ultravalorar al actor-actriz o al futbolista de moda, lo que implica sobrevalorar unos pocos años de éxito que tienen que estar muy bien pagados para soportar el prolongado tiempo de retiro. Para el currito medio el esquema ideal es: cuatro años de carrera, un puesto en la judicatura bien pagado, y el acceso a una  prejubilación de oro, envidia de todo vecino. Lo que nos llevó a la cultura del pelotazo: hago una primi abultada o doy el braguetazo, y a dormir.

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Con lo que hemos pasado de cultivar lechugas reposadamente disfrutando de los días de sol y al calor de la lumbre en los días de frío (lumbre que habrá que alimentar con la leña que seamos capaces de acaparar, a costa de un trabajo añadido pero que bien llevado también es disfrutable), a vernos obligados a cultivar una sola lechuga de oro que nos mata en el empeño, pero que una vez lograda nos paga la jubilación. Un esquema claramente antinatural que estresa todos los parámetros saludables de cualquier cuerpo humano.

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Toca, efectivamente, valorar el trabajo como fuente de energía en vez de como castigo divino. Resumiento, trabajo tanto es una actividad esforzada (el duro trabajo de sembrar), como una obra bien rematada (gran trabajo de artesanía), independientemente del esfuerzo que haya supuesto.

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Puestos a reflexionar el trabajo, más me inclino a entenderlo y aplicarlo al modo antiguo, en el tiempo de lechuga, como en la prehistoria anterior a la revolución industrial, donde no se mide por horario sino por tareas, priorizando las propias de la temporada: siega, colleita, conserva. Recordando que hay un tiempo para la siembra y otro para la recogida.

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Y sin olvidar las tareas necesarias que no admiten control laboral pero tampoco se pueden dejar de hacer: hacer la cama, limpiar, prender el fuego, hacer la compra, cocinar y recoger.

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La única forma posible de bien integrar unas tareas en otras es programar laboralmente las grandes (coger leña, ir por agua, segar prau, recoger fruto, hacer conservas) y en los intersticios de los ratos que nos permita el desarrollo de las tareas grandes, infiltrar las pequeñas (pasar el polvo, barrer, ordenar).

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Así con todo.

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Al igual que con el trabajo, toca repensar el contenido de las palabras, que deben servir para mostrar imágenes que nos lleven a ideas (según Wang Bi), y evitar que acumulen sentidos peyorativos que las transmutan en otra cosa. En la charla se habla de Humildad, que igual conviene contraponer con Soberbia, con sentidos trastornados por haber aceptado que son sinónimas de sumisión o ambición, olvidando que siempre hay grados. Autónomo no nos gusta (preferimos freelance), pero no podemos olvidar lo importante que es la palabra, ¿qué padre no se desvive por conseguir que el hijo acceda a su propia autonomía?

Esto es un esbozo. Claro que hay más lecturas posibles.

-Por un lado está la curiosa lectura que hace el DECEL, Diccionario Etimológico Castellano En Línea (https://etimologias.dechile.net/?trabajo)

-Por otro las distintas acepciones del DRAE (https://dle.rae.es/trabajo), donde recoge entre otras las diferencias entre trabajo en sí y trabajo remunerado, por ejemplo.

-Y por otro las variantes sajonas del término: work, labor, to do, to act… 

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Mucho trabajo, pero el esfuerzo bien vale su energía.

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Por cierto, construyo mi ALDEA. La CALMA por bandera, el PENSAR como vaselina. Si no lo ves claro, cambia el punto de vista.

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