Mi éxito consiste en fracasar.
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El éxito está sobrevalorado. Porque lo vemos como un punto final, pero no es más que una etapa más del camino.
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Pasa con la vejez y con todos los aspectos de la vida que tendemos a ver como negativos: la pobreza, la enfermedad, el desamor, el dolor.
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Para empezar, el 90% de la población hemos fracasado. Gracias a eso el 10% presume de éxito y no es más que eso, una presunción.
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Presunción posible gracias al crédito que le otorga la mayoría de fracasados. Si algo es mayoría es porque es mejor. Siempre, lo más abundante, es mejor que lo más escaso. Aunque la economía nos quieran convencer de lo contrario, que la escasez es lo que da valor a las cosas.
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Cojamos la pobreza. El 90% de los pobres fracasados somos quien da sustento al 10% de los ricos exitosos. Nos deberían estar agradecidos, aunque dada la naturaleza egótica de la riqueza, lo que hacen es infravalorarnos para resaltar farisaicamente su relumbrón. Groucho Marx lo tenía claro: “me he esforzado para llegar de la más extema pobreza a la más absoluta miseria” y “el secreto del éxito se encuentra en la sinceridad y la honestidad, si eres capaz de simular eso, lo tienes hecho”. Por suerte, el 90% de la población es incapaz de simular eso.
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Acerca de la vejez también Groucho Marx resulta ocurrente: “La edad no es un asunto especialmente interesante, cualquiera puede hacerse viejo. Todo lo que tienes que hacer es vivir suficiente”.
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Pasa también con los amores. Te pasas la vida persiguiendo a un chico o chica. Lo intentas pero no. Pasan los años. Un día tienes éxito. Y descubres que el éxito sólo es una etapa más del proceso, que el divorcio esconde tantos y mejores placeres que el matrimonio.
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Podríamos coger cualquier otro aspecto para resaltar el engaño y reconocer que el fracaso es mucho más dadivoso en enseñanzas y conocimiento. Y después de todo es el conocimiento el principal valor con que nos movemos por el mundo.
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Pero esa es otra historia (Irma la dulce)
Firmado adelgado@acta.es
nota bene: construyo este artículo inspirado en el curso Norte de Noemí Carro, filósofa consultora en estrategia de negocio.
Por cierto, construyo mi ALDEA. La CALMA por bandera, el PENSAR como vaselina. Si no lo ves claro, cambia el punto de vista.
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