soluciones

Las soluciones a cualquier problema son acordes al mismo según se tenga detectado en el diagnóstico.

Si el problema es la ignorancia, el remedio es claro: la formación. Si el problema es la pereza interesada, la solución también es clara: la diligencia formada e informada para desarrollar actividades, preferentemente físicas. Y aquí convergen los dos factores que hacen el cóctel explosivo: la ignorancia de una capa de población, y el egotismo perezoso de los niños de papá, aquellos que van al médico a quejarse “Twitter me cabrea, doctor, ¿qué tengo?”, a lo que el médico le contesta: “mucho tiempo libre”. Los haters que tan bien describe Isra Bravo como “bebés varados”, los “cuñaos” con tiempo sobrado para criticar, desconociendo el significado de la autocrítica.



Tiempo libre, ocio, es el mal que nos aqueja (a quien aqueja, claro, no a todo el mundo) lógicamente en la Sociedad del Ocio que nos ha gustado llamar.

Actividades y formación, dos vectores de corrección también válidos para enfrentar otro aspecto puesto en solfa por la pandemia: el teletrabajo y lo que implica en la reorganización de la vida toda.

Actividades con un material físico que permita romper la barrera de virtualidad que parece envolvernos. Y formación para hacernos una idea clara del mundo en que vivimos y del cuerpo que arrastramos para bien gestionarlo.

Cuidado, atención, y salud, conocimiento del cuerpo y su historia, es todo el remedio que necesitamos para solucionar el dilema, retornando al principio supremo que recomendaba el oráculo de Delfos en Grecia: conócete a tí mismo. Ya se encargará el clima de chafarnos los planes.

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