No soy un gran lector. Pero me gustan los libros. Como dice Calasso en Cómo ordenar una biblioteca “el libro, como la cuchara, pertenece a esa clase de objetos que son inventados de una vez para siempre. Capaces de innumerables variaciones, pero dentro de un mismo gesto: extraer una pequeña cantidad de líquido para la cuchara, de texto para el libro”.
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La república de los libros se asemeja a las sociedades humanas: infinitas clases de libros muy distintos pero al mismo tiempo iguales en cuanto libros.
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Como entre los humanos, las grandes clases (ensayo, novela, teatro, poesía) tienden a menospreciar al resto. Y no cabe duda que hay libros inferiores, los que podríamos llamar papel manchado, a los que no se les reserva un estante. Cumplen su función y ya está, pasan al rincón del olvido. (Pienso en los informes bancarios o burocráticos del más vario pelaje, muy elegantemente encuadernados, pero pasa el día de la presentación al cliente y ya pueden ir a la basura. O en los estupendos catálogos de ventas del Corte Inglés, miles de páginas lujosamente impresas con el precio de la temporada y que mañana están desfasados y ya no sirven ni para la función que están diseñados. Siempre queda, claro, emplearlos de material antropológico para los historiadores, que podrán deducir las técnicas impresoras de la época en que fueron impresos).
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Dentro de las grandes clases (ensayo, novela, teatro, poesía) también hay jerarquías y celos entre distintas categorías. No es lo mismo, no vayas a comparar, un libro de filosofía con un libro de obstetricia o de autoayuda, ni una novela clásica con un panfletillo de novela negra. Pero ahí ya ¿quién se atreve a priorizar?
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Y luego están las categorías necesarias para no llamarnos a engaño. No es lo mismo un manual de usuario de un programa de dibujo que un tratado clásico de geometría euclidiana. Aunque, si está bien hecho, puede llegar a ser más importante el primero que el segundo.
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Así, habrá que diferenciar cuando menos Ficción de No-ficción. Manuales de estudio y escritos de entretenimiento. Ciencias y Letras. Y dentro de Letras, dramaturgia y arte. Y dentro de Ciencias, no queda otra, alguna versión de la CDU. A lo que yo añadiría un índice de autores como propone Calasso y un índice de referencias y columnas. Referencias y citas mínimas y columnas o artículos intensos en la brevedad y por lo mismo especialmente atractivos.
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Las columnas, al igual que en el Partenón, sustentan el edificio. Arriba, en el desván, las obras menos consultadas y necesarias (como en la organización social: arriba los más inútiles). Y abajo, más a mano, las pequeñas obras y cuentos de fácil y frecuente lectura, junto a las referencias y los índices que faciliten su acceso.
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Así podrían quedar configuradas las baldas de una biblioteca en función del tamaño:
- gran formato y mapas,
- grandes manuales u obras de referencia,
- libros,
- folletos-cuentos,
- columnas-artículos,
- citas hojas-sueltas, y
- referencias,
siendo las llamadas “referencias de véase” las más mínimas posibles: “Miguel de Cervantes, véase Cervantes, Miguel”.
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En la biblioteca física las referencias de véase ocupan una ficha del fichero, que por su abundancia suelen ocupar una sala entera. En una biblioteca digital sobran las referencias de véase porque ya el sistema operativo ofrece múltiples formas de acudir a términos sinónimos de lo que andemos perjeñando. Es decir, que con Google y la Wikipedia podemos prescindir de abrir referencias específicas para múltiples asuntos.
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Aunque Google y la Wikipedia no nos eximen de construir la propia biblioteca por aquello de dejar impronta de nuestros gustos y preferencias en las distintas etapas vitales que nos conforman.
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Cada libro es un cúmulo de referencias del asunto que trate o de algun otro asunto tangente. Cómo ordenar una biblioteca de Roberto Calasso, aparte de aportar ideas acerca de lo que indica el título, es un buen ramillete de referencias del surrealismo, del expresionismo alemán y de la historiografía del arte, esas corrientes que marcaron el devenir del siglo XX y que reflejan en lo literario a la sociedad convulsa de la que son manifestación.
Por cierto, construyo mi ALDEA. La CALMA por bandera, el PENSAR como vaselina. Si no lo ves claro, cambia el punto de vista.
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