para olvidar

fueron muchos los miedos despertados e igual conviene colocarlos en su sitio, para que no estorben: censura, machismo, consumo, religión, territorio.

censura. Se acabó, la única censura es la censura a la censura. Tolerancia cero con la intolerancia. Y no es paradójico, como el hombre que dice que miente, es paradójico como la ley de la relatividad o la verdad que afirma que “la verdad no existe”. No soy intolerante, pero hay condiciones (que no censura): cualquiera puede quemar un libro, con la condición de que entre en la hoguera con el libro en cuestión en sus manos.

machismo. No pasarán, se oyó en varios foros. Aunque aún la voz grupal suena masculina. Bien es verdad que las mujeres, de suyo, gritan menos.


consumo. La economía marca. Lo sabe hasta el más tonto. Y hasta el más tonto se da cuenta, cuando gasta de más, que hay que ahorrar. El turismo (como toda la economía) se va a resentir. Hay que prepararse para las vacas flacas.


religión. Ya no cuelan dogmas. Los tres millones de borregos* van a tener que volver a clase de historia de las religiones.

territorio. ¿Cómo se atreven a proponer una vuelta a la España Una cargándose de un plumazo el Estado de las Autonomías? ¿Quiénes son ellos para decidir eso?

*Tres millones, el diez por ciento de la población, necesitados de educación y cuidados. Porque están enfermos de negacionismo negativista y hay que curarles o aplicarles paliativos, pero no podemos dejar que vuelvan a infectar el cuerpo social todo hasta el colapso.

Con censura, si hace falta. Su comportamiento hay que censurarlo y aclararles (porque nos la devolverán diciendo que censores somos nosotros) que si hay que censurar posturas y comportamientos se censurarán sin que tiemble el pulso. Ya está bien de arrebatos proyectivos; quieren restaurar la censura pretendiendo que lo suyo es formación y lo de los demás dogmatismo. Deben ir a la escuela a estudiar algo de psicología y a “educación ciudadana” a distinguir claramente entre público y privado.

Porque lo que no se puede consentir es la estulticia irresponsable que pone en peligro al común. Y es muy fácil de entender: el común es el conjunto de lo que no es propio, y por tanto hay que respetarlo aunque no se comparta.

Las tribus lo han tenido siempre claro: quien no se atiene a las normas de la tribu, está condenado al ostracismo y al alejamiento. El mundo es muy grande, hay sitio para todos. O sea que si no respetas las normas del común, te vas, pero no incordias.

El sentido común que alaba Descartes es más fácil de entender si lo identificamos con lo público. El sentido ha de ser común y la educación y la sanidad, públicas porque son comunes. Son necesidades comunes de toda la población, independientemente de su color político o religioso.

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