autoedición auténtica


El prefijo “auto” en la palabra “autoedición” hace referencia a dos conceptos. Automatismo por un lado (edición automática) y propio (autobombo, edición de lo propio) por otro.

La autoedición entendida como “edición automática” es una entelequia de difícil encaje. Desde el picado del texto, hasta la impresión hay demasiados pasos intermedios como para poderle llamar “automática”. Texto correcto, ok; generación de graficos, ok; inserción en maqueta, ok; revisión final, ok; envío a imprenta, ok; revisión de pruebas, ok; trabajo final, ok.

Es decir que a lo que llamamos autoedición no es más que la automatización de los 20 pasos necesarios entre la idea y el trabajo hecho. Vale, no deja de ser una automatización, pero que tiene bastante poco de automática.
Aunque permite acceder a cualquiera a regentar el proceso completo, sin contar más que con el especialista impresor. Quizá ahí reside el potencial revolucionario del invento, en concentrar 20 puestos de trabajo en uno solo.

Por otro lado la autoedición entendida como la edición de uno mismo nos lleva a la página web personal, lo que no nos impide tener que extender los hilos de la difusión y la promoción de lo escrito. Otro bloque de actividades que tradicionalmente se ha trabajado la prensa: la publicación y la propaganda correspondiente para hacer llegar el mensaje.

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