Me desprecio, así que me envidio.


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Desprecio despreciable
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El problema no está entre ricos y pobres, sino en apreciadores y despreciadores.
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Hay gente que aprecia (son muy apreciables por escasos) y gente que desprecia, despreciables por naturaleza aunque más abundantes que los arenques en la mar.
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Y el conflicto ricos-pobres se plantea siempre en el campo de los despreciadores. Que no despreciables, cuidado; que alguien sea despreciador no le convierte en despreciable. Aquí no se desprecia a nadie, nadie es imprescindible pero tampoco sobra nadie. Aunque no seamos necesarios, aquí se aprovecha todo, como del cerdo, hasta el rabo.
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Lo que sobra es la mala leche que destila el desprecio.
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El rico desprecia al pobre porque le resta ingresos. El pobre desprecia al rico porque le paga poco. Ambos son pasto de la envidia que produce el bienestar ajeno, olvidando que el mejor bienestar es el compartido.
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El dicho popular «dime de qué presumes y te diré de lo que careces» se podría complementar con otro de signo contrario: «dime qué desprecias y te diré lo que envidias».
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Además ya lo dijo san Juan: https://www.librosdeleer.es/desprecio/ y san juan no es mal santo, que es el que remata la primavera y empieza a madurar los frutos.
