Sam Peckinpah fue un director americano que nos enamoró con «Grupo salvaje», una peli que se distinguió por el delicado tratamiento de la violencia filmándola, sin morbo, a cámara lenta; y por la denuncia clara de la crueldad infantil.

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Después vino «La balada de Cable Hogue», una fantástica historia de supervivencia en el desierto.
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Hay dos escenas memorables. La apacible convivencia de dos seres distintos en una mañana de mantequilla (butterfly morning), y el alegato final del falso cura que despide al prota, un discurso de antología que deja patente la ambivalencia humana entre el bien y el mal.
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Butterfly morning
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Despedida
