DesenREDando

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Como una excrecencia, las redes han hecho aflorar el fondo egótico que nos constituye, preñado de rencillas históricas.

Dos productos de las redes destacan: Podemos en 2015 y Vox en 2020. El primero como primera manifestación prueba-error del poder de las redes, y el segundo como explotación burda del poder de las mismas. (Ox, pitas)

Cuatro rasgos sobresalen en esa explotación burda: la xenofobia, el racismo; la ignorancia; el egoísmo descarnado y el machismo más rancio.

En un intento de comprensión (no hay solución posible a un problema que se desconozca), me he querido acercar a cada uno de esos capítulos.

El racismo en su doble vertiente, rechazo de lo ajeno y desprecio de la diferencia, apuntando al racismo judío, gitano y chino (racista yo?, peligro amarillo), y la exaltación de lo propio como única garantía de auténtica pureza (ver Cristianos)

La ignorancia en sólo alguna de sus muchas aristas: rechazo del saber, filosofía incluída (cacique tonto y filosofía actual), ofendiditismo (Quejitis) y las “éuticas” (hermenéutica y propedéutica).

El egoísmo tiene tradición como origen de todos los demás defectos sociales del hombre, no creo que necesite tratamiento más allá del simple reconocimiento de que sí, que efectivamente somos seres biológicos y como tal estamos regentados por el instinto de supervivencia y en muchas ocasiones conviene recordar que “la caridad bien entendida empieza por uno mismo”. Pero el “yo”, de necesaria consideración, no debe servir más que para ser puesto permanentemente en tela de juicio, como vienen haciendo en oriente desde (que yo sepa) al menos Lao Tse y Confucio, hace 2500 años.

Indicir en el machismo a estas alturas está demás. Resaltar si acaso, por si no estuviera suficientemente claro, que los crímenes machistas vienen a desvelar lo profundamente perversa que es una ideología mantenida por siglos y por siglos sin más responsable que el Poder, al que permanentemente hay que andar afilando y afinando. (femilistos, y dice el castellano)

Hay razones para ser optimista. Cada día conocemos mejor el cerebro y su mecánica, lo que nos da la clave para abordar todos los males que nos aquejan. Por supuesto, el cerebro tiene sus reglas y habrá que respetarlas si se le quiere sacar partido. La primera es la Atención, concepto delicado últimamente tan vapuleado por la dinámica publicista del desarrollismo occidental, que habrá que aprender de nuevo a focalizar los problemas importantes, no los que la publicidad nos imponga.

Simplemente poniendo atención (ya nadie duda que atravesamos una grave crisis de atención que podemos remontar hasta las primeras muestras de fracaso escolar), foco, en los problemas que vayan surgiendo, se irán resolviendo en cascada, en una suerte de círculo virtuoso, sin más que aplicar Cuidado, Cura a cada uno de ellos. Lo mismo que se ha hecho siempre, por otro lado, pero que la ceguera consumista no nos deja ver.

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