El imperio del mail

El mail adopta muchas formas: sms, mensajes, likes, cartas, envíos… todo a través del mail.

La publicidad se encarga de darle las formas más atractivas para que pueda cumplir las tareas de comunicación, que no acaban en las ventas, pues tanto los mantenimientos como las reclamaciones se van a tener que tratar también a través de mail.


Es decir, el mail impera sobre nuestras cabezas permitiéndonos viajar a cualquier punto del Metaverso, directamente o gestionando los permisos necesarios para llegar a los rincones restringidos.


Como tal se le puede pensar en forma de Imperio. Solo que, de momento, no lo controla ningún Suprapoder. Desde que se inventó está en libre circulación y por tanto todo el mundo puede hacer uso de él e ir dejando constancia de su mejor (o peor) uso.


Sería fácil dejarnos llevar por un arrebato antiimperialista que nos planteara atacarlo de la mejor manera que se ataca a los enemigos: ignorándolo. Aunque calculo que a estas alturas en la mente de todos está que eso sería muy poco apropiado, ya que sería una forma de aislamiento absoluto, una vuelta a las cavernas que nadie desea.


Otra cosa es que sintamos la necesidad de volver a formas de vida menos tecnológicas, más “simples”. Pero eso depende exclusivamente de nosotros. Y el mail no nos lo impide. Al revés, nos permite estar en contacto con gentes que pretendan lo mismo a miles de kilómetros.


Por avatares del destino vengo a recuperar un texto compuesto hace ya cinco años, en 2017, que me ha sorprendido por varias razones. Entre otras, lo que allí digo sobre la IA, inteligencia artificial.


Lo dejo por aquí.

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